El ministro de Hacienda y Finanzas de la Nación, Alfonso Prat-Gay, mantuvo hace unos días charlas con los principales referentes del sector agro exportador. Al momento de presentar a los funcionarios de su gabinete, comunicó informalmente una especie de preacuerdo con las multinacionales granarias para que contribuyan con dólares frescos a las arcas del Banco Central (BCRA). El flamante Ejecutivo que conduce Mauricio Macri está ante el desafío de conseguir divisas para empezar a darles forma a algunas de las promesas incumplidas durante la campaña, una de ellas la apertura del cepo cambiario. Si bien buena parte del desenlace de la historia depende de cuáles serán las medidas económicas de fondo que anuncie Economía, hay números firmes que podrían adelantarse en carácter de liquidación, mayormente, de soja y maíz.

Fuentes oficiales que participaron del encuentro con Prat-Gay explicaron a Tiempo que ya hay U$S 3000 millones para adelantar hoy mismo. Pero la idea es que una vez que el escenario quede más allanado y se tomen las decisiones de política económica, habilitar un segundo tramo a principios de enero, que será de unos U$S 2000 millones. El resto, quedará para 2016 y será bastante más complejo e incierto: habría disponibles otros U$S 5000 millones a fines de febrero, como adelanto de la cosecha de soja que empieza en marzo de 2016. La otra pata del financiamiento para ingreso de dólares nuevos en forma inmediata –aunque bastante menos genuina– es el crédito externo, a esos fines viajó al exterior la semana Luis Caputo, el ex JP Morgan y Deustche Bank que hoy es ladero de Prat-Gay.

El sector agroexportador completará la ronda inicial de encuentros con funcionarios del nuevo gobierno en una reunión con el Ricardo Buryaile, el actual ministro de Asuntos Agrarios. En el entorno del nuevo jefe de Agricultura, hacen un cálculo un poco más conservador: el propio Buryaile se refirió a unos U$S 6000 millones.

Las empresas del sector, nucleadas en la cámara CIARA-CEC, ya venían incluso antes de las elecciones presidenciales con un diálogo fluido con los cuadros de la Fundación Pensar, usina de funcionarios macristas que terminó nutriendo a buena parte del nuevo armado a nivel nacional.