La importancia del sexo en el desarrollo humano es indiscutible, tanto que la actividad erótica continúa durante el sueño.
Mientras dormimos el cerebro, libre de las preocupaciones diurnas genera espacio para la fantasía, el juego y el erotismo.

A través del cerebro se inicia el proceso de excitación en respuesta a los pensamientos que surgen durante la estimulación sexual, las caricias y la actividad de los genitales. Son los pensamientos y las imágenes que evocan las que nos conducen al orgasmo.

Si lo que queremos es llegar al clímax es el cerebro quien nos conduce a alcanzar la petit morte con la sola colaboración de su materia gris y sin necesidad de estímulos físicos.

También existen los orgasmos espontáneos, aquellos que no requieren de ningún tipo de trabajo, ni físico ni mental. La mayor parte de ellos suceden cuando dormimos y aún es un territorio por explorar por la ciencia que sin duda, ayudará a a solucionar muchos casos de anorgasmia; ya que lo curioso es que hay muchas personas, sobre todo mujeres, que no pueden alcanzar el clímax durante la vigilia, pero si pueden hacerlo mientras duermen.

Lo cierto es que no hay todavía demasiados estudios hechos al respecto. En 1953, el famoso investigador sexual Alfred C. Kinsey, descubrió que un 37 % de las 5.628 mujeres que había entrevistado habían experimentado, al menos alguna vez en su vida, orgasmos durante el sueño, cuando contaban una media de 45 años de edad.

Lo que sí se sabe con certeza es que la mayoría de momentos de excitación ocurren durante la fase REM del sueño y se deben a una sofisticada conjunción de cuerpo-mente. En no es solamente cuando se producen los sueños sino, cuando la sangre fluye con más fuerza hacia ciertas áreas del cuerpo como los genitales, algo que ocurre también cuando estamos excitados y tenemos actividad sexual.

“El cerebro reconoce que hay más flujo sanguíneo en estos tejidos y lo interpreta como excitación sexual. Si a esta información se le une una mente más relajada que aún no ha comenzado su jornada laboral, nos encontramos ante una situación ideal para alcanzar un orgasmo”, asegura la psiquiatra y terapeuta sexual Madeleine C. Castellanos.

Como Castellanos explica “Lo interesante respecto a los sueños sexuales y los orgasmos cuando dormimos es que para mucha gente, sobre todo para las mujeres, pueden ser más intensos que los que se experimentan conscientemente. Esto es porque cuando uno está dormido hay menos inhibición y menos restricción consciente”.

Escáneres de la actividad cerebral muestran que ciertas áreas del cerebro se apagan –las que procesan información del exterior, actividad motora y emociones– cuando hay un orgasmo. Algo muy similar a lo que ocurre cuando se duerme, y que puede explicar por qué hay menos barreras para una intensa excitación sexual cuando dormimos que cuando estamos despiertos. Además, los sueños nos dan rienda suelta para que el inconsciente diseñe un escenario a a medida de nuestras fantasías, sin ninguna restricción.

Según Francisca Molero, sexóloga, ginecóloga, directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona y directora del Instituto Iberoamericano de Sexología: “Es más fácil tener orgasmos cuando dormimos. La anorgasmia tiene mucho que ver con un excesivo autocontrol y en sueños eso no es posible. Además, cuando estamos conscientes no siempre nos permitimos experimentar ciertas cosas”.

El cerebro es un órgano muy plástico que no distingue muy bien entre realidad y ficción por eso muchas mujeres se despiertan con la pregunta: ¿He tenido un orgasmo realmente, o lo he soñado?

Los experimentos de Gina Ogden para su doctorado en el Institute for Advanced Study of Human Sexuality, en San Francisco, también inclinaban la balanza hacia el lado femenino. De las 50 mujeres que entrevistó, 32 podían “acabar” solo con la imaginación. Una habilidad que predispone al género femenino para los placeres oníricos.

El propósito de la actividad sexual durante el sueño tiene mayor frecuencia durante la adolescencia –aunque se pueden tener a cualquier edad– hace que muchos piensen que actúa como un sustituto del sexo en la vida real, cuando el deseo es muy grande y todavía no existe la posibilidad de tener relaciones sexuales.

Se desconoce si el inconsciente suple las carencias o las potencia. Durante mucho tiempo la ciencia interpretó que ante una necesidad no atendida el orgasmo nocturno actuaba como elemento compensatorio. La experiencia médica es que los pacientes que consultan y empiezan a hacer ejercicios y practicas para tener más deseo y erotizar más sus vidas, empiezan a tener más sueños eróticos y orgasmos cuando duermen. Otras veces, éstos no son sino las respuestas durante la noche a los múltiples estímulos sexuales que recibidos en el día. Muchos de ellos de una manera inconsciente y subliminal.