En primera instancia, el sector agroexportador tiene la expectativa y la convicción de que se siga ampliando la devaluación convalidada por el presidente Mauricio Macri.

Esto muestra la naturaleza contradictoria de la autoridad del Banco Central y el Ministerio de Hacienda y Finanzas, que por un lado piden la liquidación de las cerealeras pero al mismo tiempo avalan el primer salto cambiario con la eliminación de las restricciones a la compra de divisas y un segundo impulso a partir de enero.

El campo quiere que los asalariados paguen lo que el resto del mundo ya no les paga.

Los sojeros, en vez de cumplir con sus compromisos, liquidaron lo que necesitaban para sus operaciones básicas. A lo largo de los años, los grandes productores, las cerealeras y las aceiteras crearon una capacidad de guarda en los silobolsas, que les permite acopiar por dos años en perfectas condiciones el cereal.

En este sentido, hay que tener en cuenta que Macri ha prometido la reducción de las retenciones de soja de a 5% por año, por lo que resulta beneficioso para los productores esperar al año próximo para liquidar con menos impuestos.

La especulación está relacionada con una mayor devaluación y con una reducción de impuestos. Ya el presidente de la Sociedad Rural había pedido la suspensión de las retenciones por un período de tiempo, y el propio macrismo se negó por el importante costo fiscal que tendría. Hubo mucho de relato en la expresión de la voluntad de que el agro liquide.

El campo quiere que los asalariados paguen lo que el resto del mundo ya no les paga. En realidad, lo que pretenden es recomponer la rentabilidad del sector primario concentrado y endeudarse para conseguir las divisas que financien el proceso de liberalización.