En un año, su viraje político pasó del apoyo incondicional al modelo que "más le dio a los trabajadores después del mismísimo gobierno del general Perón" –según sus propias palabras, pronunciadas en el discurso previo a las elecciones de octubre de 2011–, a la ponderación de un largo rosario de diferencias con la hasta hace poco "heredera del modelo social y económico que le había devuelto la esperanza a los trabajadores argentinos". Entre las diferencias irreconciliables se encontraba "la soberbia presidencial" y el supuesto alejamiento de los objetivos fundantes del modelo.

Pero la advertencia más destacada de sus múltiples reclamos fue que el gobierno no debía olvidar que el 54% de los votos de la contienda electoral de octubre del 2011,"fueron aportados por el movimiento obrero", y que "será necesario repensar electoralmente dónde van a depositar su voto los trabajadores en futuras elecciones". Como si el voto de millones de asalariados estuviera en relación directa con los mandatos de algún líder sindical. Afirmación de imposible verificación y de dudosa certeza.

Lo novedoso en la reflexión del líder camionero es la necesariedad de un concepto poco utilizado en el acervo discursivo cegetista: "repensar". Es cierto que en el mundo contemporáneo y en especial en la actual coyuntura internacional no es una cuestión menor el ejercicio sistemático del "repensar". Pero no tan sólo en el reducido campo de lo electoral. En un mundo donde, producto de las medidas de los jerarcas de la Eurozona y el Banco Central Europeo, se llevan puesto el tan mentado Estado de Bienestar del Viejo Continente, surgen previsiones de negros nubarrones. La Organización Internacional del Trabajo afirma que "sólo en la Eurozona, 4,5 millones de puestos de trabajo se perderán en los próximos cuatro años si no se cambian las políticas laborales", al tiempo que ha señalado que "esto podría incrementar el riesgo de malestar social y la erosión de la confianza de la ciudadanía en sus gobiernos, el sistema financiero y las instituciones europeas".

La OIT ha destacado en su último informe que los jóvenes se enfrentan a un riesgo adicional, ya que la tasa de desempleo en este sector social alcanza el 22%, y ha destacado que la peor situación para los potenciales ingresantes al sistema productivo se registra en Italia, Portugal, Grecia y España. En estos dos últimos países, los indicadores de desempleo entre la población joven superan el 50 por ciento. El repensar situaciones incluye necesariamente el contextualizar las mismas y el caracterizar los aliados y los contendientes en el escenario local. La fotografía junto al Momo Venegas, el célebremente conocido dirigente de los peones rurales, pone en entredicho las afirmaciones moyanistas de ser los garantes de la profundización del modelo de distribución iniciado en mayo de 2003. Aunque en la otra CGT, el rejunte de personajes como Lescano, Rodríguez, Gerardo Martínez o West Ocampo con ex moyanistas y otros dirigentes de los más importantes gremios de la producción, para nada genera en el común de los trabajadores un resquicio de optimismo en materia de mejoramiento de las condiciones de existencia. Ya que gran parte de este revuelto antimoyanista ha brevado de las mieles del menemato y han entregado reivindicaciones históricas de sus gremios, flexibilizando sus convenios en plena Convertibilidad.

Justamente una de las razones de los bajos niveles de sindicalización de los jóvenes trabajadores –tan sólo el 25% de los asalariados formales están sindicalizados– está dado por la falta de democracia sindical de sus bases en los lugares de trabajo. En muchos casos, en connivencia con las patronales, que apuestan a la falta de organización interna para maximizar sus ganancias. También a la luz de la crisis cuyo epicentro hoy se cierne en la vieja Europa, en donde la ineptitud de los partidos históricamente hegemónicos, tanto de orientación conservadora como social-demócrata, se suceden en el poder gestionando en favor de las grandes corporaciones, dando la espalda a las muchedumbres que viven de su trabajo. Hubiera sido interesante que el líder reelecto en la CGT Azopardo repensara, más allá del voto, el sentido mismo de la política en el actual estadio de la crisis capitalista. Y no sumarse al coro de crítico-opositores, convirtiéndose en un invitado de preferencia de los medios propietarios del monopolio del Papel Prensa. Elegir como contrincante principal al gobierno de Cristina Fernández en el actual escenario mundial y regional expresa una profunda confusión o un giro más que sospechoso. Seguramente no será la ruta más rápida a la resolución de las reivindicaciones más sentidas del movimiento obrero y las grandes mayorías que viven de su trabajo, el aliarse a los privilegiados de siempre y a la prensa conservadora para, con el inconfesable objetivo del esmerilamiento estratégico del actual gobierno, consolidar su poderío. Como si no se supiera que los principales beneficiarios de esa crisis institucional no fueran otros que los partidarios del establishment y el ajuste perpetuo, que destruyeron durante la década del '90 el aparato productivo, llevando a inéditos niveles de pobreza a significativos sectores de la población.