Cr�dito Diego Pintos
Cr�dito Diego Pintos

El acoso callejero es una forma de violencia de género que afecta a todas las mujeres cada vez que salimos a la calle desde muy temprana edad. En la plaza, en un ascensor, en los medios de transporte, no hay lugar público donde no suceda. El acoso callejero nos deja marcas, afecta nuestra rutina, nuestro humor, la manera en que nos vestimos, nos movemos y nos vinculamos con lxs otrxs en el espacio público y más allá. El acoso callejero se mete directamente con nuestra identidad, haciéndonos sentir inferiores e impotentes frente a la impunidad de los varones que se reconocen con derecho para abordarnos en la calle.

El acoso callejero, como muchas otras maneras de ejercer la violencia de género, vivió muchísimos años entre las sombras, oculto y naturalizado bajo la forma de "piropo", enmascarado en la falsa creencia de que se puede distinguir entre que nos digan cosas lindas (con las que se supone que deberíamos sentirnos a gusto) o cosas feas, que no nos gustan pero que igual callamos, por vergüenza, por miedo o simplemente porque nos enseñaron que "no hay que contestar".

El acoso callejero vivió muchísimos años entre las sombras, oculto y naturalizado bajo la forma de "piropo".

Hay que decirlo de una vez: los piropos callejeros son siempre acoso, no puede distinguirse entre buenos y malos. Aceptar esta diferenciación es continuar avalando una práctica que reproduce y profundiza la desigualdad de género. Los "piropos lindos" en la calle no existen. Se trata siempre de una manifestación unilateral basada en la desigualdad de género que califica nuestros cuerpos, nuestra ropa o expresa las intenciones sexuales de quien lo emite, y que quienes lo recibimos no pedimos ni deseamos escuchar. Independientemente de su contenido, el acoso callejero nos invade, nos cosifica y continúa reproduciendo a diario un sistema de dominación patriarcal en el que mujeres, tortas, putos, trans y travestis cumplimos un rol subordinado como receptorxs pasivxs de una violencia que nos disminuye en relación a los varones.

Hace unos pocos años, en el marco de un gobierno que promovía la conquista de los derechos a mujeres, tortas, putos, trans y travestis, la temática comenzó a ganar visibilidad y hoy contamos con algunas estadísticas que nos dicen que más del 95% de las mujeres sufrió acoso callejero al menos una vez en su vida, muchas veces en forma verbal, con silbidos, bocinazos, persecución durante varias cuadras o arrinconamiento, y muchas otras incluyendo contacto físico indeseado. En Bélgica, ya se aprobó en 2014 una ley que penaliza el acoso callejero con multas de hasta 1000 euros.

En la Ciudad de Buenos Aires, donde esta grave problemática es vivida y sufrida a diario por miles y miles de personas, las legisladoras y legisladores tenemos la enorme responsabilidad de dar una respuesta a la sociedad a través de leyes que marquen estándares más altos de los que ya existen y que coloquen sobre la mesa el debate sobre este temas que todavía nos hace falta dar para continuar promoviendo la igualdad de género en todas sus formas. En la Comisión Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud de la Legislatura Porteña estamos discutiendo un proyecto de ley que permita prevenir, sancionar y erradicar el acoso en espacios públicos y de acceso público. Creemos que es fundamental que un proyecto de estas características pueda ser aprobado para que esta Casa Legislativa no se quede únicamente en simples manifestaciones de apoyo en fechas clave de la militancia de género, sino que sancione leyes concretas para mejorar la calidad de vida de quienes vivimos y transitamos esta Ciudad.

*Andrea Conde es legisladora porteña por el FPV-Nuevo Encuentro y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.