Sociedad

La precariedad laboral no se toma vacaciones

Diego Pietrafesa

En Reta, los guardavidas están inscritos como meros trabajadores administrativos, bajo contrato. No se les reconoce el plus por trabajo riesgoso, cubren jornadas extensas y la municipalidad les impuso una paritaria del 28%.

Foto telam
Foto telam

Hay tres tipos clavando unas estacas en los médanos más grandes de la costa atlántica argentina. Despliegan una pancarta con una consigna que los turistas, con sus pies en el agua salada, no alcanzan a divisar cabalmente. Es que en Reta, a casi 600 kilómetros del Obelisco, de la orilla a la arena seca puede haber hasta más de cien metros. Lo que sí se observa sin dificultad es que cada uno de los cuatro balnearios de la localidad tiene todas sus banderas de prevención desplegadas. Cuando el veraneante se acerca a preguntarle al guardavidas qué ocurre para que el mar esté bueno, dudoso y peligroso a la vez, los trabajadores ganan la primera batalla: pueden contar que es lo que les está pasando, explicar por qué no están usando uniformes que los identifiquen y precisar que ese cartel que se ve a lo lejos tiene, en la misma frase, las palabras “aumento”, “salario” e “inflación”.

La precariedad laboral no se toma vacaciones. Pagar más barato y cumplir cada vez menos con la ley es, parece, la ecuación de moda en cualquier sitio de nuestra geografía, replicado por igual en el ámbito privado y estatal. Y mientras los trabajadores pugnan por siquiera mantenerse a flote, quienes deben controlar hacen la plancha. Reta pertenece al municipio de Tres Arroyos. Los guardavidas están inscritos como meros trabajadores administrativos, bajo contrato. No se les reconoce el plus por trabajo riesgoso que establece la norma convencional, fijado en el 50%. Les dieron un 10% hasta “que se ordene un poco la cosa”. Pasaron largos años y ese índice sigue estando en la ilegalidad. Por poco personal, hay deficiencias en la grilla horaria. Eso los obliga a cubrir jornadas extensas. Les conceden la hora extra, sí, pero es un régimen laboral que –por sus características- está pensado para que la extensión del turno sea la excepción y no la regla.

Este año, la municipalidad les impuso una paritaria del 28%, en discusión que excluyó a la Asociación de Guardavidas de Tres Arroyos (AGTA), que agrupa a los 70 trabajadores del sector y es la que decidió visibilizar el reclamo. Como los mal llamados “bañeros” están fuera de la planta permanente, no recibieron el bono extraordinario de 1.200 pesos fijado por las autoridades locales. Los guardavidas fueron notificados de que estaban, en efecto, contratados, recién una semana antes de incorporarse a sus puestos. No les otorgan lugar de alojamiento, ellos deben solventar el alquiler de una vivienda en época donde los precios son los más caros del almanaque. Pese a que la ley obliga a que se les provea de todo lo necesario para sus tareas solo les dieron un short de baño y dos remeras para toda la temporada.

Muchos creen que un guardavidas es un gigoló rentado, alguien que se la pasa tomando mate o sol, o ambas cosas, y encima le pagan. No faltará quien los acuse de ingratos por plantear sus demandas. En una emergencia, con el agua al cuello y poco aire en los pulmones, todos querremos que venga a nuestro auxilio alguien bien pago, con el descanso adecuado y provisto de las mejores herramientas. Eso no sucede con los trabajadores de Reta. “¿Lo vas a escribir en el diario?” preguntan. Les cuento que sí, que la nota saldrá en INFOnews, porque el periodismo cooperativo está, entre otras cosas, para esto. Compartiendo la mirada en el horizonte, hablando también de otros tsunamis, les cuento a los guardavidas que a los trabajadores despedidos de AGR Clarín no les pagaron la quincena que cumplieron del 1 al 15 de enero. No hay grietas entre nosotros, no. Estamos todos en el mismo barco.
 

Seguinos