Georgina Orellano interviniendo en una de las Asambleas. Foto: Manuela Castro
Georgina Orellano interviniendo en una de las Asambleas. Foto: Manuela Castro

Durante un mes, las mujeres nos organizamos en asamblea para organizar el Paro de Mujeres. En varias provincias y ciudades cada semana se pautó un encuentro para poder organizar el paro, debatir las consignas que se leerán en el documento del acto que dará cierre a la movilización, donde, a qué hora y cómo se efectuará el paro, cómo irán organizadas las diferentes organizaciones, movimientos sociales, sindicatos y partidos políticos para marchar, cómo financiar el escenario y el sonido y quiénes iban a encargarse de la seguridad de sus compañeras en las calles, entre otras cosas.

Una de las discusiones más fuertes que no solo dividió y movilizó las asambleas, sino también al feminismo a lo largo de la historia, es la prostitución en relación a las trabajadoras sexuales siendo parte del movimiento de mujeres.

Al contrario de lo que muchos creen, no existe un solo feminismo sino varios, que contemplan diversas posturas y que muchas veces se enfrentan y no llegan a acuerdos. Por mucho tiempo el feminismo que se dio a conocer tanto en los medios como institucionalmente, en los discursos y en la lucha colectiva, se pronunció en contra de la prostitución, pareciendo así que para ser feminista había que criticar la prostitución y entenderla desde una óptica abolicionista.

Los intensos debates que acontecen en el interior del movimiento feminista no son de ahora sino de hace décadas.  El término “trabajo sexual” fue ideado en los años 80 por una trabajadora sexual, Carol Leigh, para luchar contra la estigmatización y los diversos significados negativos o controversiales que estaba tomando la palabra prostituta.

Esa palabra tiene una connotación política: deja en claro que es un trabajo y que quienes se reconocen así, son trabajadoras. Y, como trabajadoras, también merecen derechos y luchan para que estos sean reconocidos.

Integrantes de Ammar, Fuertsa y del Colectivo Ni Una Menos luego de la última asamblea
Integrantes de Ammar, Fuertsa y del Colectivo Ni Una Menos luego de la última asamblea

Esta impronta por no reconocer a quienes nos llamamos trabajadoras sexuales y solo aceptar los conceptos de prostituta o persona en situación de prostitución, estuvo presente en las asambleas. Nuestro pedido de poder acceder a derechos laborales y que se nos deje de violentar, criminalizar y perseguir por parte de las fuerzas de seguridad, quedó en las primeras versiones del documento que plasma los pedidos y las voces diversas de las mujeres que asistieron a las asambleas, lo que generó mucho revuelo ya que en el pedido de que pare la violencia, criminalización y persecución, se nombraba a las trabajadoras sexuales y a las personas en situación de prostitución (dos posturas y maneras diferentes de percibir el ejercer la prostitución).

“Nosotras las trabajadoras sexuales no venimos a una asamblea para que ustedes nos entreguen la identidad como trabajadoras porque nosotras ya somos trabajadoras y esa discusión acá no la vamos a dar. Por eso nosotras sí defendemos que el reconocimiento del trabajo sexual tiene que estar ahí, porque de nada sirve que vengamos a decir que queremos construir un documento plural, diverso que represente a todas las mujeres, cuando empezamos a dejar a las putas afuera. Eso no es pluralismo, compañeras”, respondió Georgina Orellano, Secretaria General de Ammar luego del pedido de grupos abolicionista y de izquierda por quitar el término “trabajadoras sexuales” y nuestros pedidos de derechos. Cada vez que era el turno de Georgina para hablar,  algunas mujeres automáticamente sacaban sus teléfonos celulares y filmaban su intervención o sacaban fotos.

Durante tres asambleas, los momentos más tensos se dieron en torno al trabajo sexual. Gritos y agresiones verbales a quienes nos reconocemos como trabajadoras y abucheos a quienes decían que las trabajadoras sexuales no tenían que figurar en el documento. En varias oportunidades se necesitaron las intervenciones de quienes organizaban, las integrantes del Colectivo Ni una menos, que dejaron en claro que no se dejarían afuera a ninguno de los grupos de mujeres que conformaron la asamblea: “No podemos aceptar la invalidación y el desprecio de otros sujetos políticos organizados que vienen militando desde hace muchísimo”, señalaron.

Décadas atrás en el movimiento feminista muchos grupos se negaron a aceptar a las lesbianas, a las travestis y trans por distintos argumentos que iban desde el “nos hacen quedar mal a las mujeres” al “son el patriarcado disfrazado de mujer”. Un feminismo blanco, de clase y heterosexual que insistió en dejar afuera a grupos minoritarios y vulnerados y que se supone está cambiando (hoy en día las tortas y las trans son recibidas y abrazadas por el feminismo en su mayoría) pero que no quiere adentro a las putas. Se repite la historia y es algo que durante años fue así pero ahora las mismas trabajadoras sexuales decidimos que debe cambiar.

No queremos un feminismo que no incluye a las minorías y que repite los mismos patrones de lo que se supone vamos en contra. Queremos un feminismo plural que no calle voces que han sido y son silenciadas e ignoradas. Queremos un feminismo que, con sus diferencias, pueda acordar que ninguna mujer sea perjudicada y que cada una de nosotras cuente con derechos. Un feminismo que incluya a las putas, a las travas, a las tortas, a las pobres, a las negras, a las migrantes, a las presas. A todas.

Finalmente las trabajadoras sexuales formamos parte del documento oficial que se leerá este miércoles en el acto luego de manifestarnos por nuestros reclamos y pedidos de derechos.

Este miércoles paramos y vamos a marchar con nuestra bandera, porque aunque muchas quieren invisibilizarnos y que no existamos, existimos. Paramos para que se deje de ejercer violencia hacia nosotras. Para que se termine el estigma. Para que el estado reconozca nuestro trabajo y poder acceder a derechos laborales. Por la derogación de todos los códigos, artículos y normativas que nos criminalizan. Porque seguimos pidiendo justicia por Sandra Cabrera y todas las trabajadoras sexuales asesinadas que el poder judicial olvida.

Por primera vez se reconoció y no se invisibilizó nuestra identidad en un documento dentro del movimiento feminista y en el marco del 8 de marzo. Y no solo en Capital Federal sino también en Mar del plata, San Juan, Santiago del Estero y Santa Fé.

Este miércoles las mujeres paramos. Las putas también.

Evento para Marchar con las trabajadoras sexuales este miércoles: https://www.facebook.com/events/237380690065648/
 

* María Riot es trabajadora sexual y parte de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (Ammar)