Política

Los curas villeros salieron al cruce de la campaña contra Francisco

Los sacerdotes respondieron a publicaciones de medios oficalistas que sostenían que el Papa "no quiere que los pobres dejen de ser pobres".

Papa Francisco
Papa Francisco

 

El grupo de curas de las villas de Buenos Aires y Gran Buenos Aires expresó este jueves su compromiso con la gente que vive en villas y barrios populares, para ayudarlos a vivir mejor, a través de su "real integración urbana y "con una profunda conciencia de igualdad".

La carta, que lleva la firma del equipo de Sacerdotes de Villas de capital y provincia, expresa "cierta perplejidad" ante comentarios respecto a que "la Iglesia en general, y en especial el Papa, no quieren que los pobres dejen de ser pobres, porque de esta manera se perdería lugar de influencia".

Libros para atacar al Papa

En su artículo "El intelectual que pone en jaque a Bergoglio", el columnista de La Nación, Jorge Ferández Díaz, usó un texto publicado en el 2016 de Juan José Sebreli: "Bergoglio es un conservador popular y que sus apóstoles no encuentran en la pobreza una carencia sino una virtud. Para ilustrar esto recurre a declaraciones públicas de su heroico equipo de trinchera, que muestra sin embargo desconfianza frente a la urbanización de las villas, puesto que esa mejora conllevaría un carácter "civilizatorio" y porque en esos asentamientos persistirían "valores evangélicos muy olvidados por la sociedad liberal de la ciudad".

La respuesta a este y otros ataques mediáticos impulsados por Cambiemos produjo la respuesta del equipo de Sacerdotes de Villas de la Capital y la provincia de Buenos Aires, entre ellos los obispos Gustavo Carrara y Jorge García Cuerva y el padre Pepe Di Paola.

"No solo hemos levantado capillas"

También señalan que los curas en las villas construyeron "escuelas, jardines comunitarios, clubes, centros barriales para la atención de personas con problemáticas de adicción, centros de formación profesional, oficinas de empleo, cooperativas de trabajo, etc", señalaron los sacerdotes en una carta pública en el que destacan la importancia de "derribar muros y tender puentes para una real integración urbana".


"Somos curas que vivimos y/o trabajamos en villas y/o barrios populares. Somos curas agradecidos de que los pobres nos hayan hecho un lugar entre ellos", dice el texto que lleva la firma de los casi 40 sacerdotes que integran este grupo, en el que se precisa además el lugar donde realizan su trabajo.


Recuerdan que su lugar "no se trata solo de dar de comer a un pobre, sino de considerarlo digno de participar en nuestra mesa" y de hacer su aporte para que "vivan mejor".


"Es pasar de la generosidad a la comunión", resumen los curas de villas, que también señalan el deseo de la gente que allí vive de progresar y, tal como lo vienen haciendo, de "pasar de la chapa y la madera a los ladrillos y la losa, para así darles un futuro mejor a sus hijos y nietos".


Dice también que todas las reflexiones deben hacerse "desde la base del conocimiento y de una profunda conciencia de igualdad" porque de lo contrario "contribuyen a levantar muros y a cavar grietas", a "creerse distinto y no reconocerse iguales, hermanos".

Remarca que los miles de hombres y mujeres que viven en las villas representan la fuerza "económica e insustituible del trabajo", tanto para la construcción de casas, de la confección de la ropa, y de la venta de frutas y verduras, además del cuidado de enfermos y ancianos.

Pedido de una "presencia inteligente del Estado"

Recordaron: "Es el Estado el que tiene en sus manos las mejores herramientas para esta integración social y urbana, que nuestros vecinos anhelan. Y uno de los caminos concretos es la generación de trabajo para los sectores populares. Donde el Estado no está inteligentemente presente, aparecen las organizaciones criminales que principalmente afectan la vida concreta de los vecinos de nuestros barrios", se pronunciaron.


Finalmente, dice que el Papa Francisco siempre los alentó a "trabajar a favor de los más pobres" y asumió la existencia de "palabras molestas para el sistema", porque "interpelan", y en ese sentido advierte que "molesta que se hable de ética, de solidaridad mundial, de distribución de los bienes, de preservar las fuentes de trabajo, y de la dignidad de los débiles".


"Molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia", dicen, y aclaran: "La palabra de Dios es una invitación renovada a estar al servicio de los más pobres y no de nosotros mismos".

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