Hay cuerpos que magnetizan la perversión policial y estatal: los cuerpos más vulnerables. El 26 de abril se cumplieron 5 años de la represión que llevó adelante la policía en el Borda. Por la mañana, mientras desayunaban pacientes, médicos, y asistentes, entraron 400 agentes armados disparando a mansalva sin reparar siquiera en la condición de salud de quienes habitaban el taller número 19. Sí, reprimieron un hospital mental. Todo el mundo fue sobreseído.

Foto Gustavo Pantano
Foto Gustavo Pantano



O una más reciente: el vendedor de sándwiches que llegó a la tele porque mayor delito fue “no contar con un permiso municipal”. No tenía otra fuente de ingreso. Le decomisaron toda su mercadería.

O los senegaleses, perseguidos sistemáticamente por la Policía, detenidos en condiciones violentaspor otro delito: ser migrantes y querer trabajar.

O las lesbianas sometidas a un juicio oral, con allanamiento a sus casas incluido y con un embargo de 30 mil pesos sólo por besarse en la víapública.



O las travestis, cuerpos sometidos a la discriminación y a la pobreza, que mueren en las calles pero también en la cárcel, por maltrato o desidia policial.

Quienes portamos cuerpos feminizados sabemos que no te tratan igual en la calle si sos mujer que si sos varón, si sos lesbiana que si sos heterosexual, si sos “negro” o si portás acento francés.

Lo que también sabemos es que un gobierno puede promover políticas de inclusión y/o reforzar el imán que las fuerzas policiales tienen sobre esos cuerpos más vulnerables.

Porque un gobierno puede mirar a esos cuerpos vulnerables, sean mujeres, travestis, lesbianas, locos o villeros, reconociéndolos como ciudadanos con los mismos derechos que cualquiera.

O puede mirarlos con unos lentes cargados de prejuicios y otredad y tratarlos a todos como delincuentes, por portación de cara, de piel o de orientación sexual. Un gobierno como el de Macri necesita como estrategia la jerarquización de sus ciudadanos porque de ese modo su clase queda en la cima de la pirámide.

Establece un criterio clarísimo de cuáles cuerpos valen más y cuáles menos. Nos convierte en ciudadanxs de primera, de segunda, de tercera y de cuarta. Y ahí quedan, los vulnerables, en el fondo del tarro, imantados, atrayendo el metal del gatillo fácil. Ahí quedan, jóvenes que primero fueron marginados, estigmatizados y a los que luego les viene una bala del Estado a cerrar de modo perverso ese círculo de violencia.

Facundo Ferreira
Facundo Ferreira



¿Cómo es posible que Facu, un pibe de 12 años, sea baleado por la espalda por un policía cocainómano que se encuentra en libertad? Pero a Higui, una lesbiana de San Miguel, la encarcelaron 9 meses por defenderse de un intento de violación mientras era golpeada por su orientación sexual por dos agresores más.

El gobierno de Macri es el Estado instrumentando la injusticia social, licitando la desigual distribución del poder que casi siempre es económico, legitimando el patoterismo de las fuerzas de coacción por sobre cualquier valor democrático y ejercicio de la ciudadanía. Lo que sigue es el disciplinamiento, cultural, de los cuerpos, del bien y del mal. Y por lo general lo que está mal en principio es ser pobre. Como si fuera una elección y no una consecuencia.

Esta semana se sucedieron hechos que ponen en el centro de la escena estos abusos de poder policial. Envalentonadas por el explícito respaldo del gobierno, en el que la ministra de Seguridad felicita a quien dirigió el operativo en el que desaparece Santiago Maldonado, las fuerzas policiales una y otra vez atropellan derechos, identidades y vidas sin costo político alguno.



Por eso este gobierno representa también la imposibilidad de una política permeada de empatía. Los ciudadanos de primera nunca sintieron la opresión que sienten lxs ciudadanxs de cuarta. Ni lo harán. Sus privilegios no se lo permiten. Y cuando digo opresión me refiero concretamente al miedo, a temer a cada rato por tu vida y lo que hagan de vos, al hambre, y al castigo.

La fase posterior la constituye otro tipo de dominación, la cultural, que por supuesto se desprende de la institucional. Y así los medios de comunicación enfocan a la policía deteniendo negros y lesbianas, que luego serán ese tan famoso enemigo interno. La estigmatización a la orden del día de quien no sea varón, blanco, heterosexual, clase media y, si se puede,descendiente de europeos.

Para quienes vivimos y practicamos la política, no solo como herramienta de transformación sino también como una forma de vida, vernos como país transitando el camino de la doctrina Chocobar es un golpe en el centro de nuestra identidad.

Pero no todo está perdido. Siempre hay quienes cuales Batmans desde las sombras cuidan y reclaman esos cuerpos. Legislan para frenar la violencia. Piensan estrategias de cuidados, hacen listas con nombres para que nadie falte a la salida. Quienes trabajan de noche para sentar nueva jurisprudencia. Hay quienes por la madrugada apenas suena el teléfono corren a presentar habeas corpus.

Hubo Lohana Berkins. Hay Norita Cortiñas, hay Hebe de Bonafini, hay Luciana Sánchez y hay compañeras en cada esquina con las que trenzar miradas cómplices.

Nosotras, las nietas de las descamisadas que con una Singer construyeron un imperio, las nietas de abrazos que esperaron 40 años, las hijas de nuestras Madres de la Plaza, las protagonistas de los derechos de un amor igualitario y de una única identidad: la autopercibida. Esas somos. Las dignas. Que no nos confundan.

* Andrea Conde es legisladora porteña (Unidad Ciudadana – Nuevo Encuentro) y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.