La muerte de Daisy Krieger Vasena de Chopitea, ocurrida a sus 94 años el jueves 28, en su departamento de Palermo, deja la sensación de un fin de época que se apaga como las luces de una recepción de alta sociedad a altas horas de la madrugada. Lo que viene luego es un amanecer siempre inesperado porque mujeres y hombres creen que esos finales son nada más que una pesadilla. Es posible que no sea otra cosa que un modo de encubrir sus culpas por participar o acaso desearlo.

Perteneció a una época en la que el apellido Krieger Vasena tuvo su peso, en el mundillo de la alta sociedad y la política de los Bullrich, los Mitre, los Braun, los Pereyra Iraola, los Rodríguez Larreta, los Cascallares o los Peralta Ramos, y otros apellidos ilustres hoy deslucidos. Fue hermana de Adalbert Sully KV, el hombre que en 1957, negoció con el Fondo Monetario Internacional, la sumisión del país a la estructura financiera económica de posguerra de la que Perón había renegado. Ambos eran hijos de José Suleyman Krieger, inmigrante de origen turco que había nacido en Jerusalem, y amasó en Argentina una fortuna despiadada. La familia de la madre, erigió los históricos talleres Vasena del barrio de San Cristóbal. Por un conflicto en los talleres Vasena, se inició en Buenos Aires la Semana Trágica en enero de 2019. Estimaciones de época señalan que hubo 700 muertos, heridos por una cifra que oscila entre 2.000 y 4.000, aproximadamente 55.000 detenidos en el país, y una lista de 55 desaparecidos.

Pietro Vasena, lo cruel y Marechal

Pietro Vasena, el empresario metalúrgico de los talleres de San Cristóbal, es otro personaje de esta historia. Fue el abuelo de Adalbert y Daysi, y padre de la madre, María Teresa Margarita Vasena Rosa. Llegó a Buenos Aires los primeros años de la década de 1860 trabajador humilde, hijo del tintorero Giacomo Vassena y de Margarita Mainetti bobinadora textil, nació el 9 de noviembre de 1846 en el barrio de Sala al Barro, en Lecco, Lombardía, y donde aprendió herrería. Trabajó en talleres juntó dinero y compró en 40.000 pesos fuertes en la esquina de Belgrano y Salta, donde creó su taller de herrería de obras “La Europea”. “Su mano, que mostraba con no menos orgullo, tenía las huellas imborrables de su herramienta: a golpes de martillo labró su fortuna”, describió “La Razón” de los Peralta Ramos, el 27 de noviembre de1916.

Leopoldo Marechal, lo alude en su novela “El banquete de Severo Arcángelo” en el diálogo del Terrible Fundidor con su alter ego Impaglione. Se puede leer: “– Yo, desde los ocho años, tosté mi cuerpo y mi alma en aquel horno de fundir metales. Impaglione, cuando uno vive junto a un horno, ¿se le quema solamente la grasa? – No, señor –respondió Impaglione–. También a uno se le quema toda la frescura de adentro. – ¿Las frescas humedades, los verdores del alma? – Tal cual –aseveró Impaglione–. Lo tierno se quema junto a un horno de fundición (...) – ¡Derrotar el acero!”, expresaba en una reflexión existencial que merece una revisión artística con jerarquía histórica. Vasena contempló las condiciones que ofrecía la primera posguerra mundial, acaparaba hierro hasta manejar ese metal para los herreros de gran parte del país y el mercado para cotizar el hierro al precio de sus manufacturas. El cierre de los pequeños talleres, se dio en el marco de la monopolización de su oferta. Los carros de una empresa llevaban los desguaces a sus depósitos hasta que quedó dueño del mercado, y manejó costos y explotación laboral. En 1888 tenía los talleres en la zona de Cochabamba, Rioja, Constitución, Oruro y General Urquiza, y la barraca en Pompeya. La “Semana Trágica” sería la proyección de un imaginario cruel y despiadado, reflejo del capitalismo multinacional de la época.

Severo Arcángelo se basó las aventuras de Vasena y Marechal escribió que “Severo Arcángelo es un asesino vulgar y silvestre, le dije a la Enviada (giro macedoniano). Sus fundidores, hace diez años, hicieron una huelga; y él admitió que la policía los ametrallara. Yo hice la crónica: en total cuatro muertos... Yo asistí al entierro de los fundidores insistí: cuatro ataúdes que avanzaban calle arriba llevados en hombros de los compañeros. Era un fuerte mediodía de verano: tras un velatorio de cuarenta horas en la sede gremial, los cadáveres empezaron a oler y las moscas giraban en torno de los ataúdes levantados”. Marechal aludía a la Semana Trágica en los términos de su arte incondicional que no comprendería jamás Daisy. Y un Marechal descomunal trazaba un cuadro artístico aunque feroz. Al morir Pedro Vasena en 1916, la presidencia de la compañía pasó a su hijo Alfredo, secundado por sus tres hermanos, Emilio, Humberto y Severino. El abogado de la empresa era el senador radical, Leopoldo Melo. En 1918, la Compañía Argentina de Hierros y Aceros de Pedro Vasena e Hijos Ltda., se había convertido en una sociedad anónima unida a capitales ingleses: “The Argentine Iron and Steel Company (Pedro Vasena e Hijos) Ltd. Daisy fue emergente de ese universo y no tomaría jamás conciencia de que Marechal marcaría para siempre en la literatura el destino de su familia.

El banco del golpe y Onganía


Años después, hacia 1930, el general Severo Toranzo, leal a Yrigoyen y rebelde frente a Uriburu, denunció a José Suleymán Krieger en su carácter de banquero golpista en el derrocamiento del gobierno radical el 6 de septiembre de 1930. Toranzo era el padre del general Carlos Severo Toranzo Montero, golpista en 1955 y contra el presidente Arturo Frondizi. El general Severo Toranzo, acusó a Suleymán Krieguer, de actuar a través de operaciones de usura y coimas realizadas por su banco Argentino de Finanzas y Mandatos. El general golpista José Félix Uriburu, era director de la entidad. Los vínculos con la realidad actual de la Argentina son mera consecuencia. Fue García Lupo quien reveló que el viejo Krieger, fue el administrador civil de la isla de Rodas en tiempos de su ocupación por el imperio otomano. La madre de Adalbert Krieguer, María Teresa Margarita Vasena Rosa, provenía de la familia de industriales metalúrgicos responsable de la Semana Trágica (que sucedió entre el 7 y el 14 de enero de 2019).

Años después, Krieger Vasena fue ministro de Economía en la dictadura cívico militar del general Pedro Eugenio Aramburu (1957) y negociador de la entrega al FMI. Como ministro de economía de Onganía (1966), suspendió los convenios colectivos de trabajo y los aumentos de salarios por dos años, y se impuso una ley de facto de alquileres, que facilitaba los desalojos. También subió las retenciones a la producción agrícola y se enfrentó a la Sociedad Rural y sus personeros. Jorge Zorroigueta, uno de sus popes, deliró que “Este impuesto es definitivamente confiscatorio, es un impuesto marxista que destruye la propiedad”. Su devaluación abismal del 40 por ciento y los ajustes produjeron como reacción, el Plan de Lucha histórico de la CGT, el Rosariazo, el Mendozaso, el Cordobazo, y un sinnúmero de luchas populares. Krieger Vasena dejó que el grupo Deltec llevará a quiebra fraudulenta al frigorífico Swift con sede en Nassau. Al salir del ministerio sería director de esa empresa vidriosa. Juan Carlos Portantiero caracterizó así su rol en el gobierno de Onganía. “El experimento llamado ‘Revolución argentina’ arranca, pues, con una ofensiva hegemónica que se consolida, tras un breve periodo de vacilaciones, con el ingreso, a fines de 1966, de Adalbert Krieger Vasena, como representante del “establishment" tecnoburocrático y de la gran burguesía urbana, en el ministerio de Economía”.

Luego, AKV estuvo a vinculado a las empresas que sostuvieron con fondos y sangre el golpe cívico militar del 24 de marzo de 1976. Vale mencionar a Acindar, fue su director, Dresdener Bank, First Boston, A.G Credit Suisse, Banco General de Negocios e incluso el Nuevo Banco de Santa Fe. David Mulford banquero norteamericano vinculado al Banco General de Negocios, actuó en el megacanje con el que el FMI ayudó al derrumbe del gobierno de Fernando de la Rúa. Hubo entonces relaciones financiero institucionales con ciertos personeros del poder financiero como Adalberto Rodríguez Giavarini y Ricardo López Murphy, con quienes compartió la Fundación Fiel. Su muerte mereció, recordaría Bonasso, 160 avisos fúnebres en el diario “La Nación”, todo un record. En su recordado libro “Mercenarios y Monopolios”, el periodista y escritor Rogelio García Lupo, al que recordaría Miguel Bonasso, lo definió así: “Krieger Vasena no es un empresario, un creador de industrias, un productor del campo, un explorador del subsuelo. Nada de eso. Krieger Vasena es uno de los diez testaferros internacionales mejor cotizados en las sociedades de negocios de la Argentina”.

Daisy: Colón, sí, folklore, no


Daisy, profesora de lenguas, asidua del Colón, lectora de biografías e historia, administró parte de la fortuna que le dio la vida, recuérdese que Perón sostenía que las grandes herencias no se reparten, se despedazan. Y ella aún fue una entre quienes gozaron de un desguace considerable. En 1972, cuando el intendente porteño Saturnino Montero Ruíz habilitó el teatro Colón para que Ariel Ramírez, Domingo Cura y Jaime Torres pusieran en escena “La Misa Criolla”, Daisy, integrante de una asociación de poderosos que auspiciaban la actividad del mismo, se quejó ante lo que consideraba una afrenta: la canción popular argentina. Poco después, Ramírez volvió con la “Cantata Suramericana”, y Mercedes Sosa cantó “Juan Azurduy” y “Todas las voces”, de Armando Tejada Gómez y César Isella, reconocidos artistas comunistas. Lanusse aplaudió de pie y tuvo más quejas de Daisy, incomodada con el espíritu altoperuanista de Ramírez y sus artistas.


En términos de su clase ociosa, entregó su vida parcialmente a actos de solidaridad a través de fundaciones que en la Argentina desgravan impuestos y realizan otra clase de negocios que hace además, aparecer a ricos y poderosos, como gente magnánima. Daisy había fundado COAS en los días de Videla, saludando su irrupción en 1976. El brigadier Osvaldo Cacciatore, intendente de Buenos Aires, le concedió el Parque Sarmiento. También fundó COAS bajo el auspicio del régimen de Videla, en 1976. En 1981, el intendente de Buenos Aires, brigadier Osvaldo Cacciatore, concedió a la caritativa institución el Parque Sarmiento. COAS tuvo estrechos vínculos con el gobierno de Carlos Saúl Menem; miembro del consejo asesor y ella de la “Oficina de Ética”, que inventó el riojano. En COAS, Cooperadora de Acción Social, fue presidenta entre 1993, tiempos menemistas de graves ganancias, y el 2000, en 2001, pasó a ser su vicepresidenta. Entonces, su hermano AKV se declararía “menemista convencido”.

"Solidaridad, una palabra hoy en día muy enunciada, pero quizá no suficientemente practicada, que significa tomar conciencia del otro y de sus problemas, y descubrir que los otros podemos ser nosotros", dijo con emoción el 5 de mayo de 1999, en los altos de la apertura de la entrega del premio COAS Solidaridad, un aburrido entretenimiento para burgueses, terratenientes, usureros y financistas de éxito. También se la recuerda activa en la Feria de las Naciones, cuando sus amigos lograban eliminación de impuestos para venta de productos importados, un divertimento muy festejado. Su vida encumbrada le permitió jugar tenis y danzar hasta los 80 años. Estaba casada con Alfredo Miguel Chopitea, administrador de campos, con que tuvo una hija, Margarita Rosa Chopitea Krieger Vasena, casada a su vez con el abogado Carlos Fontán Balestra.

Su hermano murió a los 80 años, ella a los 94, el espíritu de los tiempo no se atreve a explicar los porqué la realidad impone tan solo da datos para que cierta reflexión se encargue de dar límites, un entorno, a un hecho inexplicable aunque llamativo para decorar el recuento de una historia. Murió el día en que se podría recordar el golpe de Juan Carlos Onganía que derrocó al gobierno de Arturo Íllia, en 1966. Su muerte cierra un capítulo en la vida argentina, y una época, porque aquello que era vivencia específica comienza a ser únicamente historia. Y la historia en su capítulo de presente, se anuncia como los amaneceres que no son avistados a primera vista por quienes creen que la oscuridad que los envuelve, es nada más que un preanuncio del abismo al que los poderosos imaginan solo como un tiempo de venta de desguaces.

Nota del autor: Se consultó para esta nota, además de referencias históricas y periodísticas, el excelente trabajo de Horacio Ricardo Silva, “Días rojos, verano negro: enero de 1919, la semana trágica de Buenos Aires . - 1a ed. - Buenos Aires. Libros de Anarres, 2011”, que puede hallarse en:http://www.fondation-besnard.org/IMG/pdf/Dias_rojos_verano_negro.pdf

*El autor es periodista y escritor, autor de los libros “Historia de la Sociedad Rural Argentina”, “Guardia de Hierro. De Perón a Bergoglio” y otros.