Sociedad

Las invisibles

La legisladora porteña Andrea Conde habla sobre los presupuestos de Nación y Ciudad que precarizan y violentan la vida de las mujeres y la importancia de las redes feministas en el actual contexto de ajuste.

Foto: Infonews.
Foto: Infonews.

Se meten en cada rincón, hasta en los presupuestos. No las ves a veces, pero están. Puertas adentro cuando suenan las cerraduras y una pared “separa” lo privado de lo público, rebotan contra las ventanas sonando a cristales rotos. El matrimonio es ¿Eterno?¿Sagrado? ¿Privado? ¿Es algo tan íntimo que ni siquiera ante una eventual golpiza y disciplinamiento machista se puede hacer algo?

En la Legislatura porteña venimos trabajando hace mucho tiempo con esta noción de privacidad en el matrimonio que históricamente ha sido la solapa cotidiana de miles de mujeres que enfrentan opresiones inimaginables día a día. El resultado fue que pudimos, como primera instancia y con mucho esfuerzo, modificar la ley de empleo público e incorporar en ella la Licencia por Violencia de Género. La lucha feminista hoy nos permite discutir con sectores que en otro momento hicieron oídos sordos a estos reclamos. Pero ahora, ante la masividad de las luchas, tienen que escucharnos y la legislación adecuarse en consonancia a los nuevos paradigmas.

¿Quién puede romper esas fronteras sino el Estado? Asumir que lo personal es político es tarea cotidiana, indiscutible, de ese acuerdo común que llamamos Estado. Somos además, nosotras en el Estado, las que permeamos voces y discursos históricamente invisibilizados como el de mujeres lesbianas travestis y trans. Somos nosotras las que creemos en las denuncias, las que entendemos los mecanismos y somos capaces de generar herramientas que, al menos, nos den un respiro para seguir. Somos mujeres y disidencias ocupando lugares en el Estado las que filtran nuestras realidades traducidas en políticas públicas, nunca fue magia.

Es feminista y horizontal el trabajo desde cada espacio en donde estamos, es el confiar que donde vayas va a haber una compañera con un destello verde lo que promete que más temprano que tarde, se cae.

En un contexto tan crudo, justamente, se recrudecen todas las violencias. De lo macro a lo micro, todo es política y es exactamente en el orden de “lo público” que se ordena “lo privado”. Es en la partida presupuestaria de Nación y Ciudad donde se dicta que tal hogar que recibía mujeres víctimas de violencia ya no tenga recursos y por tanto cierre dejándolas a la deriva, es en la política donde se ordena el cierre de la fiscalía especializada en Género de la Ciudad, o donde finalmente se toma la decisión de recortarle la jubilación a una abuela que sostiene su familia. ¿En qué tipo de violencia podemos inscribir la decisión de que mientras se nos limita el acceso a la educación aumente un 74% el presupuesto para pagar una deuda que no nos corresponde?

Cuando pedimos que el Estado “no se meta”, no deberíamos olvidar que no es sino el conjunto de todes nosotres en una construcción colectiva de la sociedad que elegimos nos ordena a la hora de pensarnos y pensar las políticas que finalmente salven nuestras vidas. ¿Cómo pedir que no intervenga? ¿Que no aporte recursos que detengan el genocidio sobre nuestros cuerpos, el disciplinamiento patriarcal en nuestros sexos, la avanzada de la derecha en los pequeños fascismos de todos los días?

Sin embargo, las tramas de la sociedad son inimaginables, algunos fortísimos como esa red feminista que acompaña, informa y sostiene a cada piba que quiere realizarse un aborto, y otras veces tan frágiles que sin la presencia del Estado las existencias se precarizan y apagan. Muere una piba cada 30 horas víctima de femicidio, la comunidad travesti y trans tiene un promedio de vida de 35 años y al mismo tiempo fuimos capaces de construir entre todas una marea verde que arrolló el sentido común.

Hoy nuestras luchas en la calle nos permiten correr la vara, acumular de nuestro lado micropolíticas que cambien aunque sea algo dentro de la trama, como la incorporación de las licencias por violencia de género. Es feminista y horizontal el trabajo desde cada espacio en donde estamos, es el confiar que donde vayas va a haber una compañera con un destello verde lo que promete que más temprano que tarde, se cae.

* Andrea Conde es legisladora porteña (Unidad Ciudadana – Nuevo Encuentro) y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.

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