La consolidación del espacio regional significa un decisivo avance hacia la construcción de un modelo de desarrollo que permita complementar el crecimiento con niveles cada vez mayores de justicia social
Desde nuestra perspectiva, y al contrario de lo que opinan muchos analistas del establishment, nuestros países están tomando una decisión que privilegia la dimensión política, y que a la vez tiene profundas consecuencias económicas. La decisión política de ampliar el Mercosur es la de privilegiar una incorporación al orden internacional desde una perspectiva que mira prioritariamente los intereses de los pueblos de la región.
Esta medida rompe definitivamente con las concepciones de los ’90 y deja atrás los resabios del neoliberalismo, según los cuales había que supeditar el desarrollo del Mercosur a los vínculos económicos que se establecían con los países centrales, y en particular con los signantes de los tratados de libre comercio. Al mismo tiempo, reconoce el valor que tuvo la decisión que encabezó Néstor Kirchner en Mar del Plata cuando se le dijo que no al ALCA. En aquella oportunidad, el ex presidente recalcó que era la experiencia regional y no la teoría de las burocracias de los organismos internacionales, la que demostraba que lo aconsejable era dejar que, en un marco de racionalidad, cada país pudiera elegir su mejor camino para el desarrollo con inclusión social.
Hoy, nuestra presidenta Cristina Fernández, define el ingreso de Venezuela al Mercosur como estratégico porque tal decisión "cierra la ecuación de lo que será el siglo XXI en la región en materia de energía, minerales, alimentos, ciencia y tecnología". La presidenta, al enunciar el aporte que Venezuela hace a la región, destaca la importancia de unirnos y fortalecer la integración a través de la complementación y la articulación de nuestras economías. Es esa articulación de nuestras diversas riquezas la que nos posicionará como un nuevo bloque competitivo a nivel mundial.
El Mercosur afronta un proceso de integración que debe superar las barreras que frenan el desarrollo, pero además tiene que encarar la pobreza y la exclusión social.
En este mismo sentido, la creación del Banco del Sur fue también un gran avance en la integración y el desarrollo regional, ya que abrió la posibilidad de financiar el desarrollo económico, social y ambiental sin condicionamientos de los países miembro, fortalecer la integración; reducir las asimetrías y promover la equitativa distribución de las inversiones entre los países miembro.
La integración sudamericana debe crecer, incorporando nuevos países. Esta integración debe constituir, para los pueblos de la región, un espacio destinado a la promoción del desarrollo económico, social y cultural, así como a la reducción de asimetrías entre países, de la pobreza y de la exclusión social. Se trata de sumar nuestros pueblos a un orden internacional más igualitario y a un proceso de construcción de sociedades más justas con lugar y posibilidades de crecimiento para todos sus habitantes.