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La miseria de Trump: salvaje e inhumano maltrato de niños y niñas en la frontera

Los menores sufren hacinamiento, falta de higiene, de servicios básicos para la supervivencia y de espacio para dormir y descansar dignamente. El drama migratorio versus el fascismo nacionalista.

Imágenes de mujeres y niños en celdas de inmigración en Douglas, Arizona, septiembre de 2015 y hechas públicas en 2016.
Imágenes de mujeres y niños en celdas de inmigración en Douglas, Arizona, septiembre de 2015 y hechas públicas en 2016.

 
Un escenario de angustiante zozobra. Una expresión ineludible de deshumanización. La xenofobia, el odio, el racismo. La exclusividad de pertenecer o no al club del capitalismo. El falso sueño americano convertido en una pesadilla.
 
En medio del salvaje tironeo entre la desesperación y el rechazo, los niños y niñas, son cautivos del odio. En la frontera entre Estados Unidos y México, los menores sufren la tortura del hacinamiento, de falta de higiene y de espacio para descansar y dormir, abrigarse y tener un pasar medianamente digno para sus incipientes vidas, ya plagadas de temores y pesares.
 
Escogido al azar, pudiendo haber sido cualquier otro lugar similar, en un centro de detención perteneciente a la policía fronteriza, en el ultranacionalista estado de Texas, hay más de 250 niños recluídos. Allí es donde sufren sus penurias. 
 
Este centro, denominado "Clint", ubicado cerca de la ciudad fronteriza de El Paso, fue sindicado particularmente por la organización Human Rights Watch. Aseguraron que la situación de los niños y niñas allí "alojados" es sencillamente "deplorable".
 
"Las mujeres y los niños detenidos a lo largo de la frontera suelen pasar entre una y tres noches, aunque a veces más, en las celdas de detención, donde duermen en el suelo, a menudo con sólo una manta de emergencia Mylar para protegerse del frío".
 
"A veces, los agentes fronterizos les piden que se quiten y desechen suéteres u otras capas de ropa, supuestamente por razones de seguridad, antes de ingresar en las celdas de detención", informó Human Rights Watch.
 
"Casi todas las mujeres y niños con quienes hablamos dijeron que no tenían permitido ducharse, a veces durante días", denunciaron.
 
Carolina R., una guatemalteca que pasó cuatro noches en una hielera -por el frío de las instalaciones a las que son sometidos los migrantes- en Arizona a fines de agosto de 2017, dijo a Human Rights Watch: “Hacía frío, mucho frío. Sólo nos dieron una sábana de aluminio por manta (probablemente una manta de supervivencia Mylar). No había colchonetas. Simplemente dormíamos en el piso”. 
 
En este escenario, y por miles de casos similares a los de Carolina, John Sanders, jefe de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, principal funcionario del control fronterizo de Estados Unidos, renunció a su cargo.
 
Según el informe de HRW, los niños de Clint "no tienen acceso a duchas ni a ropa limpia". En medio de este apocalíptico abanico de padeceres, la deshumanización del gobierno de Donald Trump adopta sus formas más perversas.
 
La abogada del Departamento de Justicia, Sarah Fabian, argumentó que la falta de elementos de higiene "no constituyen un requerimiento para unas condiciones de detención seguras y saludables". 
 
Estos virtuales "campos de concentración" gestionados por una administración "fascista", como fue calificado por la oposición al gobierno de Trump, parecen no tener ni borde ni claudicación en lo inmediato.
 
La ley migratoria estadounidense estipula que los menores sin acompañantes no pueden pasar más de 72 horas detenidos, por lo caul, tras cumplirse este lapso, deben ser devueltos, y asea a sus familias u otras depencias ad hoc.
 
Sin embargo, en los hechos, es evidente que esto no se cumple. En mayo de 2019 más de 144 mil inmigrantes fueron detenidos. Trump ha basado gran parte de su política gubernamental en la xenofobia contra los migrantes. Ese mensaje ha sido recogido en varias otras regiones, como en el Brasil de Jair Bolsonaro o la Argentina de Mauricio Macri.
 
Hace pocas horas, una mujer y tres niños aparecieron muertos en el condado de Hidalgo, en Texas. Se trata de una joven de unos 20 años, dos bebés y otro niño pequeño. La Policía local infiere que eran migrantes indocumentados. 
 
La causa de sus muertes, aún no determinada, indicaría que pudieron haber fallecido víctimas de deshidratación. El 6 de junio, agentes de la Patrulla Fronteriza de Rio Grande City, Texas, rescataron y resucitaron a un bebé que no respondía a sus signos vitales, encerrado en una bolsa, flotando en aguas del Río Bravo.
 
Pequeñas grandes muestras de un drama humanitario de proporciones siderales.
 
 
 
 

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