El sitio web especializado en inteligencia militar israelí, Debkafiles, revela que los Estados Unidos han elevado su nivel de alerta nuclear a Defcon 3, estado amarillo (de un total de cinco niveles), afirmando que “actualmente no hay amenazas nucleares inminentes contra los Estados Unidos, pero que la situación se considera volátil y puede cambiar rápidamente.”

El sistema de alerta Defcon es un acrónimo para DEFense CONdition, estados de alerta y disponibilidad que son activados por la Junta de Jefes del Estado Mayor y los comandantes de las fuerzas armadas. Defcon 1 representa la previsión de un ataque inminente y jamás se ha alcanzado. El Defcon 3 responde a la espiral de provocaciones mutuas que tienen como epicentro a la península coreana, donde se espera que en los próximos días Pyonyang pase de la retórica a la acción y realice un nuevo ensayo nuclear.

La declaración del “estado de guerra”, el despliegue de misiles y las amenazas de ataques preventivos por parte del líder norcoreano Kim Jong-un han redoblado el nivel de las provocaciones recíprocas en la precaria frontera demarcada por el paralelo 38. Según numerosos expertos, para Kim Jong-un se trataría, ante todo, de consolidar su autoridad sobre el ejército, de disciplinar aún más a la población y de mejorar su situación en las negociaciones con los Estados Unidos; en particular, en lo que se refiere al programa atómico civil. Todo eso es cierto, pero se omite en el análisis una provocación norteamericana muy reciente: su participación a finales de marzo en ejercicios militares en Corea del Sur simulando una operación contra el Norte con bombardeos B-52 y de cazas furtivos F-22 (con capacidad nuclear). Sin duda, Washington encendió la mecha de la crisis coreana.

En un artículo de The Wall Street Journal del 3 de abril titulado “EE.UU. reduce su demostración de fuerza en Corea”, los periodistas Adam Entous y Julian E. Barnes revelaron que la Casa Blanca aprobó un detallado plan, denominado The Playbook, para aumentar la tensión con Corea del Norte durante las maniobras conjuntas del Pentágono con Corea del Sur. Esos ejercicios militares realizados a corta distancia de Corea del Norte representan lo que el especialista en Corea, Tim Beal, llama guerra “subcrítica”.

El plan Playbook preveía vuelos a baja altitud de bombarderos B-52 sobre la península coreana, que tuvieron lugar el 8 de marzo. Unas semanas después, dos bombarderos B-52 con capacidad nuclear lanzaron cargas ficticias sobre una instalación de misiles surcoreana. Los vuelos se realizaron deliberadamente a plena luz del día a baja altitud, según un funcionario de la defensa de EE.UU., para producir el efecto amenazador deseado. “Podríamos volar de noche, pero la idea era que lo vieran”.

Y Corea del Norte mordió el anzuelo: el armamento norcoreano es demasiado rudimentario para amenazar a Japón o a los Estados Unidos. Nadie cree que el mundo esté en la antesala de una nueva guerra de Corea. Pero, a fuerza de provocaciones y contraprovocaciones, no se pueden excluir “incidentes” militares más violentos que los registrados en los últimos años, con riesgos de eventos no controlados. En cualquier caso, las bravatas del novato líder norcoreano alimentan ya la militarización de toda Asia oriental, la proliferación nuclear y el autoritarismo de buen número de regímenes políticos.

Por otra parte –tal como se demuestra en el documental Zeitgeist–, a lo largo de la historia, EE.UU. siempre ha utilizado el pretexto de ataques en su contra para entrar en guerra: en 1915, el hundimiento del USS Lusitania permitió a Washington declarar la guerra a Alemania y entrar en la primera conflagración mundial; el ataque japonés a Pearl Harbor significó su ingreso en la Segunda Guerra; la declaración oficial de la guerra a Vietnam del Norte, en 1964, fue después de un falso incidente involucrando barcos destructores estadounidenses atacados en el golfo de Tonkin. En todos los casos –incluyendo Afganistán e Irak–, EE.UU. ha permitido o simulado un ataque en su contra antes de entrar en guerra, algo que podría repetirse nuevamente en Corea tras la colocación de su alerta nuclear en Defcon 3.

Analistas del Partido Comunista Chino han advertido que el inminente lanzamiento de un misil norcoreano aumentaría las probabilidades de un conflicto a escala global: “Hay entre un 70 a un 80% de posibilidades de que comience una guerra porque el líder norcoreano, Kim Jong-un pudiera usar esta oportunidad para forzar la reunificación de la península coreana”, alertó Zhang Liangui, profesor de investigación estratégica internacional en la Escuela Central del Partido Comunista, según dijo en declaraciones al South China Morning Post.

“Cuanto más tardemos en arreglarla, más difícil será la situación”, añadió. “China tiene que considerar seriamente la manera de abordar el problema”.

Los comentarios de Liangui llegan a raíz de las especulaciones de que China está cada vez mas inquieta con su beligerante aliado y está tratando de alejarse del hermético reino. En febrero, un director adjunto de un periódico afiliado a la Escuela Central del Partido fue suspendido por escribir un artículo en el Financial Times en el que instaba a China a abandonar a Corea del Norte.

Los misiles de Corea del Norte ya han sido colocados en posición de lanzamiento, mientras Corea del Sur ha advertido que su sistema de defensa antimisiles podrá interceptar los cohetes si se dirigen a su territorio.

Según la publicación digital Infowars, los expertos financieros también prevén que una tercera guerra mundial está en el horizonte debido a una serie de factores económicos.

“Con demasiada frecuencia, la guerra es la sencilla manifestación de la entropía económica que se desarrolla hasta su conclusión lógica. Creemos que la guerra es una consecuencia inevitable de la actual situación económica mundial”, escribe Karl Bass.

El ex analista de Goldman Sachs, el técnico Carlos Nenner, también advirtió de “una guerra de grandes proporciones a partir de finales de 2012 o principios de 2013” que va a colapsar los mercados.

El multimillonario inversor Jim Rogers también prevé que los rescates continuos en Europa, “en última instancia, podrían desatar una nueva guerra mundial”.