Vivimos en una época de blancos y negros de poca paciencia para las argumentaciones. Por suerte la Historia no tiene apuros, o por lo menos no es para apurados buscadores de etiquetas", dice Felipe Pigna en el prólogo del flamante quinto volumen de Los mitos de la historia argentina. Por eso, con paciencia de historiador y fluidez de comunicador social, a lo largo de más de 500 páginas, explica el período que va del derrocamiento de Perón al golpe de Onganía(1955-1966). En diálogo con Tiempo Argentino, habló del pasado, no como algo concluido y cerrado, sino como una presencia que sigue palpitando en el presente y que arroja luz sobre él para poder comprenderlo. 

–¿Qué es exactamente un mito en el terreno histórico?
–Una construcción, hecha a veces a partir de un hecho cierto. En general tienen una parte de verdad y luego se van distorsionando por voluntad del poder o por construcción popular, según los casos. Con "mitos de la historia argentina" me refiero a las cosas que se han contado y no fueron, y a las cosas que se han querido creer en torno a determinados personajes. La historia argentina se ha mitificado. Hay una construcción de un pasado para justificar un presente. A partir de Mitre, el poder ha tenido una forma de escribir la historia que ha sido la historia ejemplar, la que nos dice que sólo hay una clase de hombres que está en condiciones de gobernar, y que cuando aparecen personajes de los sectores medios y populares hay que desconfiar. 
 
–La historia, desde cualquier perspectiva, ¿no  es siempre una construcción?
–Absolutamente. Es subjetiva, lo que no quiere decir que sea mítica.