Con la soja cotizando en el mercado de Chicago a 550 dólares la tonelada, la pregunta es ¿qué compromiso toman los candidatos que se muestran tan sonrientes en los medios y que quieren despegarse de la Argentina de los últimos años? Miradas al Sur vio la luz en plena pelea de la resolución 125 y las vueltas de la vida y el mercado hicieron que, pese al voto “no positivo” de Julio Cobos, con el 35% de retenciones fijo el Estado pudo recaudar lo mismo –o hasta más– que si se hubieran votado las retenciones móviles. Y gracias a esto las provincias se quedan con el 30% neto de esos ingresos públicos. Y gracias a eso, se pueden financiar tanto el presupuesto educativo mayor de la historia como la Asignación Universal por Hijo, el programa social de mayor coeficiente de inversión pública de América latina. Además, pese a las erráticas políticas sobre remisión de inversiones al exterior o de control de cambios o de limitación de importaciones, se mantiene una cotización del dólar relativamente baja. ¿Qué dicen los candidatos del centro y de la derecha, los que se cuelgan del FAP, del peronismo opositor y hasta algunos aliados del kirchnerismo respecto del pedido a coro de los sojeros de devaluar?

La Mesa de Enlace está lejos del festejo de aquel 17 de julio de 2008 en que Cobos se dio vuelta. La protesta “del campo” expresada en el lockout de esta semana al que pomposamente llaman paro agropecuario tuvo el claro propósito de presionar, una vez más, sobre la cotización del billete verde. Al igual que el año pasado en esta época, los grandes exportadores de oleaginosas toman medidas para tener un peso más barato a la hora de liquidar los dólares de las exportaciones. El gobierno nacional paga el costo de no ceder ante estas presiones, ¿qué piensan los dirigentes políticos que pasaron tejiendo alianzas de conveniencia sin asumir compromisos respecto de a qué sectores pretenden representar y defender?

Desde ya que el tema agropecuario es central y merecería un debate en el que el kirchnerismo también juegue más a fondo. Pero hay una realidad, Argentina –y también Brasil– obtienen de las exportaciones sojeras unos beneficios que son comparables a las economías que tienen como principal ventaja a los sectores primarios extractivos, como el petróleo, el gas y la minería. Brasil tiene la ventaja de tener una industria fuertísima, con un modelo que tiene medio siglo de continuidad. Pero tiene grupos terratenientes con extensiones de tierra mucho mayores que la Argentina y que, en el juego del federalismo, colonizan partidos y expresiones políticas diversas que defienden sus intereses. El caso argentino es extraño: en la Pampa Húmeda, la situación del gobierno, de cara a las elecciones del 27 de octubre próximo, no es la mejor. Con Santa Fe, Córdoba y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con hegemonía de fuerzas que están alineadas sin fisuras con el modelo sojero y, además, con el grupo mediático Clarín. Y, lo que es más preocupante, con el distrito bonaerense –que es casi el 40% del padrón nacional y el de mayor peso sojero– donde las distintas fuerzas opositoras al kirchnerismo están más preocupadas por colocar a ex modelos en las listas que de poner a verdaderos representantes de intereses.

La descortesía de la Corte. Es un poco patético mirar cuántos pasos a la derecha se dieron en esta semana de cierre de las PASO. Algunos pasos explícitos, como el de la Corte Suprema de Justicia que sacó un fallo sobre la elección de consejeros como si fuera una hamburguesa de cadena de comida basura. Con el voto disidente de Raúl Zaffaronni, hay que señalarlo. Los voceros mediáticos de la Corte repiquetean con el argumento de que el Poder Judicial es el contrapoder, es el poder que controla, el que interpreta la Constitución. Jamás los miembros de la Corte pensaron en sacar un fallo que suspendiera la elección de consejeros por esta única oportunidad y que la ley vuelva al Congreso para un debate donde pudiera rediscutirse qué es lo constitucional y qué lo ajeno a la Carta Magna en una ley que quiere el voto popular en la elección de consejeros al Consejo de la Magistratura. ¿Si la Corte dejó que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual deambulara sin rumbo por medidas cautelares, por qué no propuso un diálogo entre los poderes constitucionales para que, con idas y vueltas, con distintos aportes, se pueda avanzar en las necesarias reformas tanto al Poder Judicial como a la Constitución misma?

La reforma de la Carta Magna tiene sentido si se van a discutir seriamente cuál es el rol de la soja y las posibilidades que tiene la Argentina de proteger y promover las industrias del sector agropecuario, las economías regionales, los pequeños productores desatendidos y los arrendatarios que tienen que pagar el alquiler de los campos ajustado a la cotización de la soja mientras los propietarios pagan bajísimos impuestos. Pero también una reforma constitucional tiene que poner sobre el tapete la propiedad de la Nación sobre las riquezas minerales e hidrocarburíferas en manos de los estados federales en virtud de la Constitución de 1994 diseñada por arquitectos neoliberales.

Continuidad o ruptura. La realidad es que Cristina Kirchner nunca definió cuál es su plan de cara a la posible re-re, pero queda claro que privilegia a sus propios candidatos por encima a los aliados, reales o potenciales, para asumir cargos ejecutivos o candidaturas electorales. Eso es tan cierto como que el kirchnerismo es la única fuerza que defendió y defiende las políticas redistributivas a favor de los sectores más desprotegidos. Podrá decirse que son insuficientes las políticas, que el kirchnerismo desatiende temas de la agenda social. Podrá decirse que la pelea de los medios adquirió una dimensión tan exagerada que todos los temas de la agenda pública deben tamizarse por la vara de los comunicadores aliados para ser legitimados. Incluso una negación de la necesidad de mayor transparencia de la gestión pública y de lucha sin concesiones contra la corrupción. Podrán decirse muchas cosas del período iniciado en 2003 con Néstor Kirchner, pero lo que asoma en el horizonte para el debate electoral de cara al 27 de octubre es harto preocupante. Caras simpáticas, esposas bonitas, muy buen trato con los operadores de Clarín y cero definición acerca de cómo encarar los temas de fondo.

Con un agravante para sectores colgados del kirchnerismo. Donde el Frente para la Victoria tiene garantizados los votos es en la mayoría de las provincias con mayores indicadores de pobreza y con peor distribución de la riqueza. El NOA y el NEA tienen gobernadores alineados con el gobierno nacional y son ellos mismos parte del poder económico. Los niveles de corrupción en la mayoría de esas provincias van de la mano con un histórico disciplinamiento social.

Es decir que el proyecto de continuidad del cristinismo está íntimamente ligado al núcleo de dirigentes jóvenes promovidos en este último año y medio, donde más que la participación juvenil espontánea o de representantes de movimientos juveniles, el oficialismo premia la cercanía y la adhesión al liderazgo de la Presidenta. El estilo presidencial, que despierta adhesión en amplios sectores y produce rechazo en otros amplios sectores sociales será puesto a prueba, en esta coyuntura, por su capacidad de promover representación genuina. Si esa representación no contiene la diversidad es probable que los logros económicos y sociales queden puestos a prueba. Los que pretenden un estilo canchero y amplio no parecen muy dispuestos a tomar un compromiso público por mantener y profundizar los innegables avances de esta década.